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Opinión, Recomendaciones

Ser o no ser: ética en el Apocalipsis

Desde que George A. Romero desarrollase los comienzos del universo zombi y, ya en las postrimerías de la Guerra Fría, cristalizase en el imaginario popular la idea de un último conflicto que acabase con la Humanidad —o mejor dicho, con el modo de vida occidental—, no han faltado autores que alientan y alimentan el temor y lo mórbido a nivel planetario. Llevando hasta el extremo a sus personajes, el terror sobrepasa lo físico y penetra en la escala de valores, poniendo sobre la mesa la validez de la familia y el amor, o la preferencia entre pasar hambre o perder un miembro. Todo/a lector/a ha visto una escena así, o lo hará tarde o temprano.aplicaciones-zombie

Esto no es sólo una pesadilla planificada, ni una respuesta intuitiva ante peligros que pueden ser factibles; ni siquiera es, trasladándolo a la realidad concreta, únicamente un autoretrato. La industria cultural se caracteriza por ser la avanzadilla de nuestra psique, de nuestro subconsciente, con un sutil cartel que reza: romper en caso de duda. Y no necesitamos un apocalipsis para poner sus postulados en práctica.

Podemos encontrarnos cierto alineamiento ético en el género post-apocalíptico: en La Carretera —Cormac McArthy—, no faltan casos donde un superviviente necesita desesperadamente ayuda, y le es inmediatamente negada; páginas más tarde, ese personaje aparece descuartizado, y vemos con claridad que no merecía la pena haberse detenido. En The Walking Dead hay una escena donde un mochilero, desde el arcén, pide que le lleven en coche: el protagonista, sin mirarlo, lo niega ante la perpleja mirada de su hijo, que quería montarlo. Minutos más tarde es un zombi.
En World War Z, libro y película, se deniega el acceso a zonas protegidas por la posibilidad de contagio; minutos más tarde son contagiados, precisamente por no haber sido acogidos. Y cuando son acogidos —escena apoteósica en la muralla—, vemos que por culpa del comportamiento estúpido de las masas, todos perecen —por el ruido que provoca los que van a ser carnaza, que atrae las hordas zombies. En Hijos de los Hombres, libro y película, ocurre igual: gente necesitada de ayuda finalmente muere en una refriega, por si acaso, por la posibilidad de estar poniéndose en peligro uno mismo. Dándole una vuelta de tuerca, en Juicio Final —película de cuya existencia no encuentro justificación—, no sólo toman al necesitado de ayuda como peligro potencial, sino que directamente será un peligro en tanto que si sobrevive tomará venganza: es mejor asegurarse de que los que estén en peligro directamente mueran.

En esta línea, una de las claves de videojuegos como Falloutf58f3fe7acab1131d97f87075828de92-650-80.jpg es la posibilidad de negar la ayuda, y convertirse uno mismo en juez y verdugo ante la excepcionalidad del enemigo, que es la totalidad de lo Real. Y podría seguir enumerando, como en El Libro de Eli, Soy Leyenda, Mad Max, etc. etc. Existen alineamientos éticos que si bien constituyen el quid del género, no dejan de ser posicionamientos bastante sospechosos. ¿Cuál es el mensaje? No mires atrás. No ayudes. El individualismo es la clave del éxito… aunque implique morir del éxito.

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