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Entrevista a Žižek en Der Spiegel – “La mayor amenaza para Europa es su propia inercia” – Traducción

“La mayor amenaza para Europa  es su propia inercia”

Traducción de la entrevista del 31 de Marzo de 2015: 

http://www.spiegel.de/international/zeitgeist/slavoj-zizek-greatest-threat-to-europe-is-it-s-inertia-a-1023506.html


El filósofo esloveno Slavoj Zizek es uno de los intelectuales más audaces y un declarado izquierdista. En su nuevo trabajo argumenta  que Europa no debería ser demasiado tolerante en torno al Islamismo y que el continente necesita un “liderazgo cultural” de la Ilustración.

 

            Slavoj Žižek no quiere que se le llame “profesor”. Bromea sobre ello cuando alguien usa el calificativo, y mira hacia atrás por encima del hombro para ver dónde está ese “profesor”. De hecho, rara vez ha dado clases en las universidades. Ha sido a través de la inmensamente prolífica publicación de sus libros, ensayos, artículos y columnas como Žižek, de sesenta y cinco años, se ha convertido en un intelectual globalmente influyente. Sus lecturas y apariciones alrededor del globo lo han convertido en uno de los más famosos pensadores contemporáneos y teóricos culturales del mundo.

            A pesar de su influencia es difícil precisar dónde se posiciona, filosófica y políticamente. Nacido en la capital eslovena de Ljubljana, donde aún vive a día de hoy, perteneció al Partido Comunista hasta que lo abandonó en 1988. Tuvo una relación difícil con los mandos oficiales del partido porque sus ideas no fueron consideradas suficientemente marxistas ortodoxas y nunca se le concedió un puesto en de profesorado en la universidad de su ciudad natal. Fue capaz, de todas formas, de ir a la Universidad de París entre 1981 y 1985, donde estudió el psicoanálisis de Jacques Lacan. Justo antes de la disolución de Yugoslavia en 1990, se presentó como candidato de los demócratas liberales eslovenos, a pesar de su extrema posición crítica en torno al liberalismo político, el cual consideró que carecía de sustancia y poder.

Slavoj Žižek, slovenian philosopher in Ljubljana

            El pensamiento de Žižek, que sigue el camino del Idealismo Alemán tras Hegel y Marx, se concentra en el desarrollo del sujeto autónomo y en cómo este es prisionero de ideologías e identidades en constante cambio. De América Latina hasta Asia, es valorado por su crítica al capitalismo global como un intelectual de referencia para el movimiento de protesta de izquierdas. El shock tras los ataques terroristas en París recientemente le inspiraron para escribir un polémico ensayo filosófico sobre el Islam y el modernismo. En él señala la ruptura entre la tolerancia en el mundo de Occidente y el odio fundamental (sic) del Islam radical contra el liberalismo occidental, y hace una demanda a Occidente para insistir en el legado de la Ilustración y sus valores universales. Argumenta que la verdadera soberanía del pueblo sólo es posible a través de una renovación de la izquierda.

SPIEGEL: Señor Žižek, la crisis económica y financiera mostró cuán vulnerable puede ser el sistema de libre mercado. Usted ha hecho con esto la labor de examinar las contradicciones del capitalismo contemporáneo. ¿Está anticipando una nueva revolución?

Žižek: Por desgracia, no.

SPIEGEL: Pero, ¿le gustaría vivir una? ¿Es usted todavía un comunista?

Žižek: Muchos me consideran un disparatado marxista que está esperando el fin del mundo. Puedo ser un poco excéntrico, pero no soy un loco. Soy comunista a falta de algo mejor, más allá de la desesperación por la situación de Europa. Hace seis meses estaba en Corea del Sur para dar charlas sobre la crisis en el capitalismo global, lo normal, ya sabes, bla bla bla. Entonces la audiencia empezó a reir y dijeron: “¿De qué está hablando? Mírenos —China, Corea del Sur, Singapur, Vietnam—, lo estamos haciendo muy bien económicamente. Así que, ¿quién es el que se ha deslizado hasta una crisis? Son ustedes, Europa occidental —o, más exactamente, algunas partes de Europa occidental.”

SPIEGEL: Bueno, no es tan sencillo como eso.

Žižek: Sin embargo, hay algo de verdad en ello. ¿Por qué los europeos sienten que su desafortunada situación es una crisis en su totalidad? Creo que estamos notando que no es una cuestión de o no al capitalismo, sino que es cuestión del futuro de la democracia occidental. Algo oscuro se está creando en el horizonte y los primeros vientos de la tormenta ya nos han alcanzado.

SPIEGEL: ¿Está diciendo que la crisis económica podría conducirnos a una crisis política?

Žižek: China, Singapur, India o —más cercano a nosotros— recientemente Turquía no nos auguran un buen futuro. Creo que el capitalismo moderno está creciendo en una dirección en la cual éste funciona mejor sin una democracia plenamente desarrollada. El auge del llamado capitalismo de valores asiáticos en los últimos diez años genera como mínimo algunas dudas y preguntas: ¿Qué pasaría si el capitalismo autoritario del modelo chino es indicativo de que la democracia liberal tal como la conocemos no es durante más tiempo una condición para, o conduce necesariamente a, un desarrollo económico y en lugar de eso se interpone en su camino?

SPIEGEL: La democracia no existe para pavimentar el camino al capitalismo. Está ahí para contrarrestar los peligros latentes del capitalismo, que es lo que hace que la democracia sea aún más irremplazable.

Žižek: Pero para que ese sea el caso, tiene que haber más que sólo el principio de las elecciones libres. La libertad de decisión puede conducir a una sociedad en cualquier posible dirección. En este sentido, soy leninista. Lenin siempre preguntaba irónicamente: “libertad, sí, pero, ¿para quién? ¿para hacer qué?”.

SPIEGEL: La libertad de la autodeterminación. Y, primera y más importante, la libertad de palabra y opinión son también una parte de ello.

Žižek: ¡Magnífico! Yo no soy un estalinista que se mofa de las libertades civiles y clama que la línea del partido es la única y real libertad. En áreas personales y privadas, la libertad de elección está aumentando, incluso en China. Me estoy refiriendo a temas como la libertad sexual, la libertad de viajar, la libertad de comercio o la libertad de convertirse en rico. Pero me pregunto si es suficiente y si este tipo de libertad personal enmascara la pérdida de la libertad social. El clásico Estado del Bienestar está siendo demolido. Estamos perdiendo de vista adónde conduce este proceso social y en qué tipo de sociedad queremos vivir. El abanico de opciones entre las que podemos vivir nuestras libertades individuales necesita ser redefinido.

SPIEGEL: En otras palabras, usted echa en falta un debate sistémico más amplio. Vimos uno durante las revueltas estudiantiles de 1968, pero aquello no condujo a resultados reales, con la excepción de la adquisición de libertades civiles liberales. En contraste con el deseo de libertad individual, ¿no está al acecho el totalitarismo de la movilización sobre el deseo colectivo de superar el sistema existente?

Žižek: El siglo XX ha terminado. Un régimen totalitario es incapaz de sobrevivir a largo plazo. Si queremos mantener la imagen que tenemos de nosotros mismos que tenemos en Occidente, entonces tenemos que volver a las enormes preguntas relacionadas con la expansión de las libertades democráticas y el proceso de auto-emancipación. Es aquí donde Europa está más amenazada. Yo soy un izquierdista eurocéntrico. Se ha puesto de moda en círculos izquierdistas criticar el eurocentrismo en el nombre de la multiculturalidad. Pero estoy convencido de que necesitamos Europa más que nunca. Sólo imagina un mundo sin Europa. Sólo tendrías dos polos: Estados Unidos, con su neoliberalismo brutal, y el llamado “capitalismo asiático”, con sus estructuras políticas autoritarias. Entre ellos tendrías la Rusia de Putin, con sus aspiraciones expansionistas. Perderías la parte más valiosa del legado europeo, donde la democracia y la libertad implican una acción colectiva sin la cual la igualdad y la justicia no serían posibles.

SPIEGEL: Ese es el legado de la Ilustración: la transición de la inmadurez auto-infligida hacia esa autodeterminación autónoma.

Žižek: ¡Exactamente! No soy uno de los mejores amigos de Jürgen Habermas, peo estoy de acuerdo con él enteramente en este punto. Deberíamos continuar apoyándonos en este proyecto de ilustración europeo más que nunca. Es la única cosa que nos va a permitir cambiar el contorno de lo que parece posible o realizable.

SPIEGEL: ¿Ese propósito no espera demasiado de una democracia liberal?

Žižek: Sí. Deberíamos ir más allá de una democracia liberal. La democracia ordinaria funciona como sigue: la mayoría de votantes parecen satisfechos con la pretensión de libertad de elección, pero en realidad actúan tal como se les dice. Es significativo que la opción de gobierno favorita de los alemanes sea la gran coalición (nota de editor: una coalición de gobierno que empareja los dos partidos más grandes del país, los centroizquierdistas socialdemócratas y los conservadores demócratas cristianos). Debido al miedo a tener que realizar de verdad decisiones pioneras y radicales, el pueblo actúa como si las decisiones se tomaran por cuenta propia, basadas en las circunstancias, en restricciones prácticas y  condiciones predeterminadas. Pero a veces también debes modificar el campo de significados en lugar de sólo analizar hábilmente las cosas y adaptarte a ellas. El desarrollo de la “voluntad general”, la volonté général de Rousseau, no sucede de esta manera. Ese desarrollo de voluntad permaneces individualizado y privatizado y es en última instancia apolítico.  Es un gran entorno para el capitalismo puesto que la libertad demócrata liberal y el hedonismo individualizado moviliza a la gente hacia sus propósitos mediante su conversión en trabajólicos[1].

SPIEGEL: ¿Qué ve usted como alternativa?

Žižek: No hay vuelta atrás hacia el comunismo. El estalinismo fue en cierto sentido peor que el fascismo, especialmente considerando que el ideal comunista era con respecto la Ilustración el resultado definitivo de la auto-liberación del pueblo. Aunque esa es también la tragedia de la dialéctica de la Ilustración. El estalinismo todavía es un enigma para mí. El fascismo nunca tuvo aspiraciones ilustradas, solamente persiguió una modernización conservadora usando métodos criminales. Hasta cierto punto, Hitler no fue lo suficientemente radical o violento.

SPIEGEL: ¿Cómo? ¿No lo dice en serio, o sí?

Žižek: Lo que intento decir es que el fascismo puede haber constituido una reacción a la banalidad y la autocomplacencia de la burguesía, pero también permaneció atrapado en el horizonte de la sociedad burguesa y perpetuó precisamente esa autocomplacencia. Comparto la visión de Walter Benjamin de que cada despunte de fascismo es resultado de una revolución fallida. El triunfo del fascismo es el fracaso de la izquierda y eso prueba que existía un potencial revolucionario pero que esa izquierda no supo cómo usarlo.

SPIEGEL: ¿Cuál es el actual estado de los valores básicos del liberalismo: libertad, igualdad y fraternidad? ¿Es la democracia liberal suficientemente fuerte para protegerse a sí misma de ataques iliberales[2]?

Žižek: Dudo que sea capaz de resistir esos retos. El sistema capitalista global se está aproximando a un peligroso punto cero. Sus cuatro jinetes del apocalipsis son la catástrofe climática, las obvias consecuencias de la investigación biogenética, la falta de auto-regulación de los mercados financieros y el creciente número de personas que son excluidas. Según los mercados se vuelven más globales, más potentes se volverán las fuerzas del apartheid social.

SPIEGEL: Los peligros han sido reconocidos y han sido genéricamente discutidos. Sin embargo, ¿piensa que estamos impotentes tropezando hacia el abismo?

Žižek: La falta de una clara alternativa puede no significar que simplemente vamos a continuar con este status quo. Si el sistema existente continúa reproduciéndose, entonces vamos directos a su implosión. Lo único que puede salvar a la democracia liberal es una renovación de la izquierda. Si las personas de izquierda pierden esa oportunidad, el peligro del fascismo, o al menos de un nuevo autoritarismo, crecerá.

SPIEGEL: Esas corrientes pueden ser observadas hoy: en el fundamentalismo religioso, en el populismo de corte derechista y en un agresivo nacionalismo.

Žižek: Eso es cierto, y la respuesta no pueden ser las típicas reacciones izquierdistas de tolerancia y entendimiento, ¡no! Haciendo eso, el liberalismo se minaría poco a poco. Tenemos el derecho de poner límites. Nos sentimos culpables aquí en Europa —nuestra tolerancia multicultural es el efluvio de una mala consciencia, de un complejo de culpa que podría llevar Europa a perecer—. la mayor amenaza para Europa es su propia inercia, su retirada hacia una cultura de apatía y relativismo general. Yo soy dogmático en este sentido: no quiero arrojar dudas sobre todas las cosas o cuestionarlo todo. El liberalismo dogmático está basado en lo que Hegel denominó la sustancia moral. Por ello es por lo que estoy también en contra de cualquier forma de corrección política, que trata de controlar algo que debería formar parte de nuestra sustancia moral con prohibiciones sociales o legales.

SPIEGEL: ¿No tiene toda cultura un umbral de dolor para la intolerancia?

Žižek: Existen cosas que son imposibles de tolerar, “l’impossible-à-supporter”, como definió Jacques Lacan. ¿Qué ocurriría si algún magazine hiciera histes abiertamente sobre el Holocausto? ¿Qué pasa con chistes que se sienten sexistas  o racistas? La posición de centro-izquierda o la posición libertaria tiende a ir en la dirección opuesta cuando se trata de ironía en general o humor áspero —hacia una sensibilidad exacerbada con respecto a la indefensión de otros—. Ya sabes, los chistes obscenos son una buena prueba del límite de tolerancia para muchos grupos culturales. Me encantan.

SPIEGEL: Estoy tentado de preguntar… ¿de verdad?

Žižek: En la más temprana Yugoslavia, cada república constituyente tenía un chiste para las otras. Por ejemplo, los montenegrinos eran considerados unos vagos. Montenegro sufre terremotos. Entonces, ¿por qué un montenegrino mete su pene en cada agujero o resquicio? Está esperando el próximo temblor porque es demasiado vago para masturbarse. O mira el chiste judío —pueden ser muy duros en el auto-escarnio—. ¿Sabes este? Una mujer judía de origen polaco —están considerados de naturaleza particularmente seria— se inclina mientas limpia un suelo de baldosas. Cuando su marido llega a casa y ve su espalda estirada, le levanta la falda excitado y la toma desde detrás. Cuando ha terminado, le pregunta a su mujer si ella también ha llegado al clímax. “No”, dice ella. “Todavía me faltan tres baldosas para irme”[3]. Sin intercambios obscenos como este, no tenemos un contacto real con el otro, sólo un frío respeto.

SPIEGEL: Yo no pondría mucha confianza en  la fiabilidad de pruebas como esa.

Žižek: Hay límites, ciertamente. Esto se puede volver un problema explosivo si dos grupos étnicos o religiosos viven juntos, en una vecindad, y tienen formas que vida irreconciliables y, como tal, perciben la crítica de su religión o modo de vida como un ataque a su propia identidad.

SPIEGEL: ¿Esa no es precisamente la explosividad que está comprimida en una frase que se ha vuelto recientemente popular, es decir, que el Islam es también parte de Europa?

Žižek: La tolerancia no es una solución ahí. Lo que necesitamos es lo que los alemanes llaman Leitkultur, una cultura dirigente que regula la forma en la que las subculturas interactúan. El multiculturalismo, con su mutuo respeto por las sensibilidades de otros, deja de funcionar cuando entramos en el estadio de “l’impossible-à-supporter”. Los musulmanes devotos encuentran imposible tolerar nuestras imágenes blasfemas y nuestro humor irrespetuoso, que constituye una parte de nuestra libertad. Pero Occidente, con sus prácticas liberales, también encuentra matrimonios forzados o segregación de la mujer, que es parte de la vida musulmana, que es intolerable. Por ello es por lo que yo, como izquierdista, arguyo que necesitamos crear nuestra propia cultura dirigente.

SPIEGEL: ¿Y cómo sería eso? ¿Cómo podría lucir esa cultura dirigente? Incluso la aplicación universal de derechos humanos a veces es cuestionada en el nombre de las diferencias culturales.

Žižek: La cultura europea dirigente es la universalidad de la Ilustración, en la cual los individuos se ven a sí mismos a través de esa universalidad. Eso significa que debes ser capaz de administrar tus características, e ignorar tus posiciones sociales, religiosas o étnicas particulares. No es suficiente con tolerar los unos a los otros. Necesitamos tener la habilidad de experimentar nuestra propia identidad cultural como algo contingente, algo coincidente, algo que puede ser cambiado.

SPIEGEL: El universal individual es una abstracción. Eso no existe en la vida real. En realidad, todo el mundo pertenece a un grupo o comunidad.

Žižek: El universal individual es con mucho una realidad en nuestra vida. Más allá de manzanas, peras y uvas, debería haber un espacio para las frutas como tal. Me encanta la belleza de la idea platónica. La gente pertenece a un grupo específico, pero al mismo tiempo son parte de una dimensión universal. Una comunidad no está cerrada en ninguno de los dos casos. Una persona puede abandonar una comunidad y marchar a otra. Nuestra identidad está hecha de muchas identidades que pueden existir sucesivamente y en paralelo.

SPIEGEL: “The days go by, not I”, reza un poema de Guillaume Apollinaire.

Žižek: Dicho en términos cristianos: el Espíritu Santo está en todos nosotros, todos lo compartimos, sin tener que ver si nuestra identidad está asociada a una cierta comunidad. Yo soy ateo, pero admiro el núcleo emancipador de las enseñanzas cristianas: abandona a tu padre, tu madre y sígueme, dice Cristo. ¡Deja atrás tu comunidad para encontrar tu camino a la universalidad de lo humano!

SPIEGEL: La emancipación es un acto de violencia —una despedida y un desarraigo—. El Islam no permite a su gente abandonar la comunidad de creyentes.

Žižek: No existe la libertad, al menos no una libertad universal, sin un momento de violencia. Romper con las raíces de uno mismo es con mucho un proceso de fuerza, pero esta fuerza, la cual no necesita ser física, tiene algo de redentora al respecto. Eso sí, no es destruir lo que nos hace especiales. Estamos encadenados a nuestras idiosincrasias. Pero tenemos que reconocer que lo particular está basado en una contingencia, en una casualidad que no es substancial a lo propio. La universalidad es la apertura a una contingencia radical.

SPIEGEL: ¿Qué significa eso para la política?

Žižek: El líder de la Revolución Iraní, Khomeini, dijo una vez: “Nosotros los musulmanes no estamos asustados de las armas occidentales o del imperialismo económico. Lo que tememos es la corrupción moral de Occidente.” La forma extrema de esta resistencia es el Estado Islámico o, incluso, Boko Haram. ¡Qué fenómeno tan extraño! Un movimiento político-social cuyo objetivo es mantener a las mujeres deseducadas y relegadas a un lugar. La antigua consigna de los años ’60, que todo lo sexual es también algo político, tiene un significado nuevo e inesperado aquí: la preservación de una jerarquía sexual estricta se convierte en el imperativo político más importante. Y, ¿no experimentamos una forma más débil de la misma actitud en la respuesta rusa al concurso de Eurovisión porque  una barbuda Conchita Wurst ganó? El nacionalista ruso Vladimir Zhirinovsky dijo el pasado Mayo “no hay más hombres o mujeres en Europa, sólo esto.” Incluso nuestra Iglesia Católica agita el mismo pánico con su resistencia al matrimonio en el mismo sexo.

SPIEGEL: ¿Es el hedonismo desenfrenado lo único que tenemos con lo que oponernos a ese fundamentalismo?

Žižek: No, por dos motivos. El primero es que nuestro oponente no es realmente la religión. Zivko Kusti, un sacerdote católico nacionalista croata, declaró que e Catolicismo es un símbolo del hecho de que la gente no está preparada para renunciar a su legado cultural y nacional (“the whole Croatianness[4]). Esta frase clarifica que ya no es más un asunto de fe y su verdad, sino más bien un proyecto político-cultural. La religión aquí es sólo un instrumento, un indicador de nuestra identidad colectiva. Trata sobre cuánto público controla el lado de uno mismo, la cantidad de hegemonía que “nuestro” lado ejerce.  Por eso Kusti cita ratificando a un italiano comunista que reclama, “soy un ateo católico.” También es por ello por lo que el asesino de masas noruego Anders Breivik, que no es muy religioso,  se refirió al legado cristiano como una fundación de la identidad europea. La segunda razón, que es incluso más decisiva, es que la libertad personal de elección desenfrenada se ajusta perfectamente con el capitalismo de hoy día en el sentido de que el proceso global, social y económico, se está haciendo cada vez más y más impenetrable. El hedonismo individual y el fundamentalismo están mutuamente conduciéndose el uno al otro. Sólo puedes combatir efectivamente el fundamentalismo con un nuevo proyecto colectivo de cambio radical. Y no hay nada trivialmente hedonista en ello.

SPIEGEL: ¿Quién determina qué es contingente y qué es substancial? Para un ortodoxo musulmán, el pañuelo no es contingente, es realmente sustancial.

Žižek: Justo ahí yace el problema detonante. La chica, la mujer, debe decidir sobre ello de manera auto-determinante. Con vistas a que sea capaz de hacerlo, debe estar liberada de la presión de la familia y la comunidad. Y aquí es donde se aplica la violencia emancipadora: la única posibilidad para la autonomía es el desarraigo, apartar a uno mismo de la presión de la comunidad para conformar algo. Por eso que uno de mis héroes es Malcom X. La “X” obedece a ese desarraigo. No lo conducía a la búsqueda de sus raíces africanas. Al contrario, vio que era una oportunidad para alcanzar una libertad universal.

SPIEGEL: ¿Usted acoge esa violencia?

Žižek: Acepto esa violencia porque es el precio para la verdadera contingencia y la liberación de lo propio. Es como un juego sexual sadomasoquista. Aquellos involucrados pueden participar en todas las perversiones. Sin embargo, todo el mundo tiene el derecho a decir en cualquier momento “Detente, se acabó, voy a parar e irme”. El progreso en la democracia occidental consiste en estar constantemente expandiendo el alcance de la universalidad y, a través de ello, también diversificando la libertad de elección entre decisiones contingentes. Pero la contingencia no significa trivialidad. Nuestros logros colectivos más valiosos son contingentes —vienen de ninguna parte y se rompen con nuestras identidades sustanciales.

SPIEGEL: ¿Es ese incansable desempeño por expandir espacios públicos libres el trabajo de intelectuales públicos como usted? Eso es más una reminiscencia de la sociedad abierta de Karl Popper que de la revolución proletaria de Marx.

Žižek: ¡Por dios, cualquier cosa menos Popper! En este sentido, todavía soy un marxista, porque lo que es importante para mi es la infraestructura de la libertad inherente a las instituciones.  Los especialistas —idiotas en el significado original de la palabra— se ocupan de encontrar soluciones a problemas específicos. El intelectual se compromete con hacer preguntas de una nueva forma, y reflexionar acerca de las condiciones sociales para el ejercicio de la libertad personal civil. En su ensayo “Qué es la Ilustración”, Kant diferencia entre el uso privado y público de la razón. Esto es más importante hoy que incluso aquel entonces. Para Kant, el uso público de la razón significó un pensamiento libre, apartado de presiones políticas o religiosas, mientras que el uso de la razón al servicio del Estado es privado. Nuestra lucha hoy, y eso incluye WikiLeaks, es mantener vivo el espacio público.

SPIEGEL: Entonces, ¿cómo podemos desarrollar una solidaridad emancipatoria entre grupos que son culturalmente diferentes?

Žižek: Mi respuesta es luchando. La universalidad vacía es claramente insuficiente. El choque de culturas no debería sobrevenir a través de un sentimiento de humanismo global, sino más bien a través de una solidaridad general con aquellos que están luchando dentro de cada cultura. Nuestra lucha por la emancipación debería estar acompañada de la batalla contra el sistema de castas indio y la resistencia obrera en China. Todo depende de esto: la batalla a favor de los palestinos y contra el antisemitismo, WikiLeaks y Pussy Riot —todo es parte de la misma lucha. Si no, entonces podemos simplemente matarnos.

SPIEGEL: Señor Žižek, gracias por la entrevista.

[1] Para comprender el concepto en pocas líneas, este artículo de BBC no es una mala lectura: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/07/140708_vert_cap_adicto_trabajo_wbm

[2] Las democracias iliberales se definen como aquellas en las que existe una apariencia de libertad, como pueden ser la celebración de elecciones partidistas o la isegoría, pero que restringen fuertemente la prosecución de derechos civiles (participación política activa) y los derechos sociales. Para más información recomiendo consultar este artículo del Huffington Post de 2015: http://www.huffingtonpost.com/dani-rodrik/illiberal-democracies-on-the-rise_b_7302374.html

[3] Nota del trad.: to go en inglés puede significar “irse”, literalmente, o significar el hecho de tener un orgasmo.

[4] Que podría traducirse como “la croacidad toda”, entendiendo “Croantianness” como el estado o la cualidad de ser croata. En España tenemos su homólogo, “españolidad”.

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