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“Bailando en la Oscuridad”, de Karl Ove Knausgard

Knausgard, Karl Ove. Bailando en la Oscuridad. Mi Lucha: tomo 4. Ed. Anagrama, 2010, Barcelona. 544 páginas.

El siglo XXI ha tenido a bien regalarnos a Karl Ove Knausgard (1968 – presente), escritor nórdico que en 2009 publicó el primer tomo de la saga “Min Kamp”, “Mi Lucha”. Knausgard generó una controversia que excedió el límite de los escritores noveles (tenía dos novelas bien recibidas pero casi anónimas), según sus palabras, “no porque el punto central del libro sea la vida, sino qué hago con la vida en la literatura.”

“Mi Lucha” tiene seis tomos y es autobiográfica, un género literario muy extendido en Noruega, aunque me juego el tipo a que Knausgard ha pegado fuerte en el mercado occidental porque si bien es un exhibicionista, tampoco se recrea en los tópicos del victimismo existencialista: drogas, mujeres y demás; aunque es indudable que son experiencias que están ahí.  Karl Ove puede ser un referente sobre cómo ser arrogante en esos temas aunque el contenido en sí sea altamente patético. Y no tiene nada que ver con la escuela americana de realismo sucio: esto es Europa, hablamos de otra estética; igual de cotidiana, de sucia, pero menos elaboradamente vulgar. Knausgard tiene momentos de exaltación y reflexión, así que en conjunto deja mucho fluir al lector medio.

El tomo que recomiendo especialmente es el cuatro, “Bailando en la Oscuridad“, donde Knausgard relata sus primeros años como adulto independiente: su trabajo como profesor; sus primeros amigos, mayores que él; sus primeras chicas, dolorosamente indiferentes; sus primeros tanteos con el insomnio y los “esta no es mi cama”, etc. No obstante hasta la fecha el libro que probablemente haya reclamado más atención por su parte ha sido “La Muerte del Padre“, del que algún día hablaré.

Knausgard es un ejemplo de vocación literaria y ha conseguido que el 10% de Noruega lea sus libros, a pesar de lo mundano y descarado de su prosa. Decía Walter Map que toda época ha rechazado siempre su propia modernidad y ha vuelto atrás. Knausgard no rechaza esta actual modernidad; él es un autor con un vocabulario y unas estructuras modernas, aunque el clima de la narración sea de mediados del siglo XX. Tal vez por ello sea un autor paradójicamente para jóvenes, que nos vemos paulatinamente sumidos en un territorio que nos recuerda a épocas pasadas, pero se expresa sin tapujos ni anacronismos.

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