//
estás leyendo...
Uncategorized

Política de autoayuda

asamblea22-2

 

Han sido muchos los acontecimientos políticos explosivos a lo largo del siglo XX que han sembrado las estructuras de los fenómenos de masas del siglo XXI. Cuando un determinado régimen colapsa y no existen fuerzas políticas capaces de dar el salto —es decir, no existe una latencia previa al agotamiento político de determinado lenguaje e ideología que sea fácilmente asimilable—, entonces es relativamente fácil que predominen en la inestabilidad nuevas identidades políticas y estructuras de naturaleza visceral, ya que son la extracción o traducción organizativa de esas masas frustradas.

No son pocos los ejemplos que podría dar, así que no voy a detenerme. Todos/as podríamos tener en la cabeza algún partido o movimiento denominado Frente, X de Liberación, movimiento nacional o patriótico, Nueva X, Partido del Pueblo X, etc. o bien utilizando significantes universales como Democracia, Libertad o Popular, de todas las ideologías imaginables. Son definiciones políticas multivalentes, que pueden adaptarse progresivamente a cualesquiera que sean las necesidades políticas de la coyuntura histórica.

Su primer deber es, dentro del caos de legitimidad, constituir un nuevo sentido del orden (Laclau es fundamental en este punto, aunque prefiero a Gramsci). Por eso lucen las masas como eje de su legitimidad, como un pilar y un discurso transformador, pero presentan actitudes esencialmente moderadas —y en progresión conforme crecen— o radicalizadas —lo cual es causa de su propia improductividad—.

Pero, llegado al siglo XXI, existe una cierta transformación en la percepción de estos movimientos. Con la caída de las ideologías —es decir, con la victoria en términos de fuerza de la moral capitalista—, el individuo se siente más desprotegido y aislado. Esto es tan antiguo dentro del sistema productivo capitalista como el propio contrato, y Erich Fromm nos dio las claves de cómo traspasamos en Occidente el último umbral de aislamiento en la Guerra Fría, que aún persiste —agudizado por el thatcherismo—.

El individuo reduce las ideologías emancipadoras o nacionalistas de la esfera social al plano íntimo. Desciende la comprensión del contexto social, de sus explicaciones, mecanismos y causas, y crecen considerablemente a finales del siglo XX editoriales, televisiones, espectáculos, mercados enteros dedicados a lo que se ha denominado autoayuda. Lo que equivale a asumir una actitud derrotista encubierta ante realidades socio-políticas definitivamente mayores que nosotros mismos. Es la moral del esclavo feliz, la autoayuda.

A consecuencia, volviendo al tema que nos ocupaba, estos estallidos de contra-política contemporáneos también muestran estos rasgos de despolitización del sujeto, como manifestaciones eminentemente de masas que son. Y las connotaciones abiertamente ideológicas del siglo XX se moldean en negativo: como la negación de todo proyecto ulterior al momento presente, previamente ideado, interpretándose como una toma de conciencia instantánea ex nihilo. Nótese que, de hecho, casi nadie conoce los antecedentes del 15M.

Pero los que nos dedicamos a estudiar estas cosas sabemos que no es así, y todavía no hemos llegado al punto que justifica este artículo.

Abunda a niveles desconcertantes también la autoayuda en la propia percepción y denominación de estos movimientos y organizaciones: Sí Se Puede, Podemos, Ganemos, Queremos, Claro que se Puede, Con X Se Puede, etc. ¡Son arengas! No son calificativos objetivamente políticos —aunque no niego, claro, que estén estructurados políticamente—, como sí lo eran anteriormente. Más allá de todo juicio, esto es interesante.

Frente a la aparente deslegitimación —aunque yo prefiero desuso— del lenguaje político convencional, se pasa a la simulación de una nueva sociabilidad. El uso de categorías políticas imprecisas —ciudadanía— no es nuevo en absoluto, pero sí lo son los nuevos procedimientos de agregación de los partidos catch-all de nueva planta: de la progresiva toma de conciencia colectiva, asistimos ahora a la libre decisión de libres sujetos dispuestos a tomar parte; de esta manera, si antes nos diferenciábamos en términos políticos de lo que entendíamos por lo normativo, ahora es en términos corporativistas. Y eso es atractivo.

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Twitter

A %d blogueros les gusta esto: