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Opinión

Aliados contra Oriente: EEUU y Alemania no saben contar víctimas

La situación sociopolítica se recrudece a velocidades imprevistas y deja entrever los reveses diplomáticos hasta ahora ampliamente ignorados. Veía esta tarde las noticias de Antena3 —por motivos que aún no alcanzo a comprender— y vi cómo se retransmitían sucesivamente y en este orden estas noticias: la primera, que Israel ha estado, es bien sabido, atacando Palestina, y posiblemente plantea una invasión terrestre. Si bien en una parte (la palestina) se cuentan casi cien muertos, en la otra (israelí) se cuentan ocho heridos; la segunda noticia, que Barack Obama se ofrece como mediador entre Israel y Hamás —ya que no el pueblo de Palestina—, con unas vergonzosas declaraciones de alta y belicosa intención, reafirmando el “derecho de Israel de defenderse contra estos ataques”[1] —¿en defensa de cuántos heridos militares se justifica la matanza de civiles?— ; la tercera, no menos ardua de asimilar, es que la CIA tenía dos agentes dobles en el Gobierno Alemán que han causado el despido de su representante en Berlín[2], una controversia que se suma a las revelaciones del perseguido ex-agente Snowden, donde Angela Merkel era ridiculizada por unas intervenciones a su teléfono personal de parte de EEUU. Ambos hechos han sido calificados por la Canciller como ‘estúpidos’ por acontecer entre —atención— ‘aliados’.

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Aliados, ¿contra qué? El casus belli que ha despertado mi curiosidad ha sido casualmente esta última declaración de Merkel, donde Alemania y EEUU son aliados naturales, precisa y desafortunadamente después de las anteriores sobre el conflicto palestino. A priori se me plantea una única cuestión: ¿Cuáles son los límites de Estados Unidos en el planeta? ¿Con qué impunidad puede el Gobierno Federal pasearse sobre la Organización de las Naciones Unidas, la Declaración de los Derechos Humanos y demás tratados internacionales de primerísima relevancia, sin apenas tener impacto en la opinión pública? Estados Unidos, un país que afirma tener sobre la mesa la lucha total contra el terrorismo queda definido como ‘terrorista’ por su propia legislación[3]. Nicaragua, Chile, Venezuela, Argentina, Grecia, Libia, Egipto, Corea del Sur, Siria o la misma Palestina son sólo un pequeño número de ejemplos de lo que se ha llegado a denominar los ‘golpes de Estado exportados’ durante el siglo XX—es decir, países semi-industriales donde la participación de EEUU en las sublevaciones, golpes de Estado o dictaduras ha quedado registrada y que cualquiera puede consultar—, y forman parte intrínseca del modelo de consumo y producción —léase explotación— que promueven los poderes fácticos desde Norteamérica, con un discurso de Poder delirante en defensa de la Libertad y la Democracia sonando a todo trapo en los medios de comunicación de los países occidentales.

Nosotras y nosotros, pobladores de la Europa post-colonial, nutrimos diariamente nuestros prejuicios con la repetición constante de temas tabú en la política medíática, que son tan contundentes como para no poder ser evitados pero con un hábil mecanismo de síntesis. Es el discurso negacionista, el enfrentamiento ‘entre iguales’ o ‘entre ideas’ que tarde o temprano desemboca en el desentendimiento generalizado en Occidente o, lo que es peor, el paternalismo. Y la actual sociedad postmoderna tiene altas dosis de racismo amable, paternalista. Así que partiendo de este punto, retomemos: ¿contra qué son aliados EEUU y Alemania?

El caso de Palestina e Israel me parece especialmente paradigmático no sólo en cuestión de política colonial, sino en el papel genérico que juega la cultura occidental posmoderna para con nuestros vecinos, para cualquier extranjera/o. Porque la política en Palestina no es sólo la del fusil, también la del lenguaje. Decía Teresa Aranguren[4] que hablar de ‘violencia’ en los medios, a secas, en Palestina igualaba al terrorista suicida con el niño tirando piedras al tanque. El discurso sionista no es original, no es único ni fuerte: tiene defectos históricos, contradicciones que implican a las vidas de sus propios civiles y, lo más importante, una fuerte raigambre occidental. Y esto en mi opinión es lo que agrava la situación: perdóneseme ser crudo, pero Israel no es sólo una empresa comercial del Neoliberalismo más pirómano; es también el brazo armado del racismo de Europa y EEUU, y seguirá así mientras la sangre de los civiles y el sufrimiento de millones de familias no pesen sobre nuestra política de justicia internacional, a todos los niveles, de manera práctica. Netanyahu se convierte en el embajador de la superioridad de la democracia liberal, convirtiendo Israel en un foco de occidentalización con capital empresarial en materia energética. No en vano fue él quien viajó a EEUU para analizar una ofensiva contra el gobierno de Irán[5], precisamente por su programa nuclear.

La ocupación ilegal y el exilio del pueblo palestino no tienen únicamente una solución pacífica diplomática, aunque esta sea evidentemente la más urgente para la población: debe pasar también por la toma de conciencia de la identidad de los países orientales y oprimidos  nivel global. Reconocer la historia de Palestina anterior a 1947 y desacralizar la justificación colonizadora de la Tierra Prometida de Yahvé será parte imprescindible si de verdad Occidente —y hablo de los pueblos— quieren la Libertad y la Paz en los países orientales. Mientras centremos nuestra atención mayormente en condenar la violencia y no en comprender el papel de Israel en el circuito económico colonialista, seguiremos lamentando no tener capacidad de intervención política directa. Mientras pensemos que la ONU no tiene poder suficiente para salvar vidas y no pensemos, en cambio, que los miembros hegemónicos de la ONU son parte integrante del conflicto, la Organización Mundial por antonomasia no dejará de ser política de espectáculo. Busquen de cuánta importancia es la Cuestión Palestina y las resoluciones en la página web de Conflictos en Oriente de la ONU: el resultado en cada apartado es ‘No encontrado’[6]. La última vez que la ONU pidió formalmente la autodeterminación de Palestina fue en 2010[7].

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Israel comenzó a construir el muro en 2004. Desde entonces el Tribunal Internacional de Justicia ha intentado frenarlo, sin absolutamente ningún logro. El Estado de Israel, con la aprobación de EEUU, la pasividad de la ONU y el capital financiero europeo ha conseguido sobreponerse a los Derechos Humanos, y ahora 440 km. de hormigón separan Cisjordania y la historia del África desheredada del Bienestar y el Desarrollo occidental. ¿No creen que no deja de ser simbólico que Merkel, a pesar de las humillaciones, insista en ser aliados?

[1] http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/obrama-ofrece-netanyahu-mediar-israel-hamas-3371460

[2] http://www.eldiario.es/internacional/Alemania-expulsa-jefe-CIA-Berlin_0_279972575.html

[3] http://actualidad.rt.com/actualidad/view/85161-eeuu-principal-terrorista

[4] Contra Palestina, primero se creó el discurso. Revista Pueblos, 2014, nº61, pág. 6.

[5] http://www.caracol.com.co/noticias/internacionales/netanyahu-partio-a-eeuu-donde-analizara-con-obama-iran-y-el-proceso-de-paz/20140302/nota/2107010.aspx

[6] http://www.cinu.org.mx/temas/palestina/pal_onu.htm

[7] http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=34932

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