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Opinión

Una Clase de Modales: Sobre la Intolerancia (1ª parte)

Uno de los conceptos que caracterizan de manera espontánea y aparente al individuo de a pie de nuestras democracias occidentales es la llamada tolerancia hacia la multiculturalidad. Una tolerancia dirigida originariamente a aceptar, aunque sea marginalmente, otras formas de vida distintas a las autóctonas, enmarcadas dentro del neoliberalismo post-político[1]. Sin embargo, lejos de aceptar con admiración este logro de las sociedades avanzadas deberíamos plantearnos la posibilidad de ser víctimas de un concepto creado por la sociedad y que atenta precisamente contra esa unión colectiva que caracteriza esa misma sociedad.

¿Qué es la tolerancia? ¿Debe la tolerancia democrática ser intolerante con aquellos individuos intolerantes? Podríamos empezar por intentar resolver estas dos cuestiones intentando definir el opuesto la tolerancia: la intolerancia. La persona intolerante es aquella que no acepta el pensamiento y las decisiones fácticas que se enmarcan dentro del cuadro de opciones que la persona tolerante sí acepta. En otras palabras, la persona tolerante simboliza el orden establecido por el pensamiento hegemónico, aquella que acepta seguir unas normas que considera fundamentales para la convivencia; con esto, desprecia al intolerante por no aceptar vivir según las normas establecidas en su pre-existencia.

Sin embargo, esto no deslegitima a la persona intolerante, pues bien puede ser que el considerado tal sea de manera realista un individuo con conceptos sociales absolutamente contrarios a los hegemónicos pero perfectamente viables. Es decir, que en nuestras sociedades democráticas, aquellas personas tolerantes y proactivas con el bien común pueden, en momentos de crisis moral, convertirse en autoritaristas potenciales, y con ello demostrar cuán falsa e infundada era la imagen que decían tener.

intolerancia

El Respeto: una forma de salir del paso.

Posiblemente esto pueda ser rebatido fácilmente con el argumento del respeto. ¿Qué es tolerar? Según la RAE: Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.[2] De manera aparente todo es políticamente correcto, pero la situación se tuerce cuando nos preguntamos: ¿Qué es respeto?

Confundimos a diario el respeto con la admiración, con la gratitud, e incluso con una autocomplaciente auto-asimilación de aquello que nos gustaría ser y no podemos. Pero si excavamos en los orígenes de la palabra veremos que respeto tiene un significado arcaico mucho más duro: miedo.

Respeto a los dioses, a los reyes, a los nobles, a la naturaleza, a las leyes. Respeto que se traduce en auto-humillación, en subordinación, en mantener las distancias: en otras palabras, miedo al dolor y la muerte. En las sociedades antiguas, el respeto era el arma ideológica utilizada por el biopoder[3] para mantener al individuo primero, y luego a la sociedad, dentro de un recetario factual e ideológico.

Más tarde, llegando a la Edad Moderna y con el surgimiento de los distintos estratos sociales en función del poder adquisitivo, el respeto se convirtió en una herramienta de la clase burguesa para un trato igualitario dentro de los negocios. No consistiría realmente en verdadera cortesía, sino que podría entenderse como una forma de mantener las apariencias en la escala social: sólo pueden permitirse no ser educados quienes están en la cúspide y quienes están en la base: reyes y proletarios. En los estratos medios de la sociedad liberal la superficialidad habla por el individuo y el respeto no sería una proyección en el Otro de nuestra admiración, sino un escudo del Yo frente al peligro que supone para mi “status quo” este Otro.

Pues bien: llegados a la época contemporánea observamos que en la sociedad occidental la generalización de la riqueza, la subida del nivel de vida y el nacimiento de una moral competitiva y dominante ha provocado que se expanda este uso del respeto hacia el Otro. Hoy en día, el respeto en que nos educan desde niños/as es sinónimo de individualismo. El respecto actual consiste en no entrometerse en las vidas ajenas, en abandonar el moralismo. Cuando toda opinión es respetable, lo único que demostramos es que no tenemos un verdadero sentido del valor de las acciones sino que preferimos no juzgar para no ser juzgados.


[1] Post-política entendida en los términos del filósofo Žižek, donde el ordenamiento administrativo y judicial no depende de ideologías o preceptos morales accesibles a la población en su conjunto, sino de la veneración de opiniones “expertas en la materia”, que componen una minoría mejor valorada intelectualmente.

[2] Consulta el diccionario en línea: http://lema.rae.es/drae/srv/search?key=tolerancia

[3] Entendido en términos foucaltianos, donde el Poder se manifiesta de manera física mediante la tortura y la ejecución. El dolor como aleccionamiento público.

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